Laurus
El poder dentro de sí mismo
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El poder dentro de sí mismo

El Hombre posee ilimitado Poder, aunque en general no lo sabe. Pero es bueno que primero nos preguntemos qué significa la palabra PODER.

Poder es autoridad, dominio, imperio sobre una cosa. ¿Quién de uds. Podría decir no quiero Poder, no quiero dominar nada, no deseo nada, etc.? Siempre se desea tener y obtener algo que nos brinde más oportunidades. No es el poder de la vida cotidiana, de la voluntad finita o de la mente humana al que me voy a referir, sino más bien, al que trascienda a éstos, a un Poder Espiritual que es de un orden más elevado que el físico.

Este Poder que está latente y oculto en el interior del Hombre, hasta que éste haya evolucionado lo suficiente como para que se le pueda confiar el ejercicio de tal poder. El pensamiento es un Poder Espiritual de formidable potencia, ya que es el pensamiento el Poder Creador, pero tampoco es ese poder al que me referiré. Por medio del pensamiento el Hombre puede elevarse y ponerse en contacto con el Influjo Divino. Su pensamiento es el arma más poderosa, porque con el puede dirigirse al infinito o apartarse de su fuente divina.

Es a través de su chispa divina, que mora en su interior, que el Hombre esta inseparablemente unido al Infinito.

La Vida y el Poder Divino serán suyos en cuanto se dé cuenta que son suyos.

En tanto que ignore su unidad con la Fuente Divina de toda la Vida, será incapaz de apropiarse del Poder que es realmente suyo; pero cuando penetre en ese conocimiento interno, es que se encontrará en posesión de infinito poder e ilimitado recurso.

Todos deseamos realizar algo determinado, todos de alguna manera estamos aquí para conseguir algo, como para ampliar el conocimiento, para alcanzar una mejoría en los negocios u oficina, en las relaciones personales, etc. Todos perseguimos un objeto que nos brinde el éxito en la vida ¿Cuál es la finalidad? Es alcanzar la felicidad.

El conseguir la realización de nuestros objetivos requiere cierta dosis de dirección o impulso. Nosotros mismos debemos generar nuestra propia dirección. La mayor satisfacción por el logro de nuestros anhelos surge de nuestro interior.

Para lograr alcanzar la meta, para lograr realizar algo, se requiere trabajo, constancia, perseverancia y por sobre todo Voluntad.

La Voluntad es el principio fundamental por el cual lograremos nuestros objetivos, la Voluntad es el acto intencional de inclinarse o dirigirse hacia algo. El facto importante que debemos agregar es la decisión, tomar la resolución y la determinación de ejercer nuestro poder para llevar a cabo la gestión.

Indudablemente es importante saber lo que uno quiere y a donde va, si no, no resulta. ¡Cómo vamos a conseguir un poder sin saber en qué lo vamos a utilizar!

Muchas veces vamos por el camino de la menor resistencia, sin planificar, sólo deseando un poder sin objetivos, los objetivos deben ser trascendentales, sin conectarnos con el mundo de la ilusión y las falsas perspectivas, sino que nos conecte con el Poder Creador que nos haga infinitos y verdaderos en nuestro quehacer. Tal poder atrae a todos aquellos que siguen el nivel común. No debemos permitir que esto nos suceda; se requiere una resolución firme y un temple de guerrero.

Así viene la grandeza. Este temple, conservándolo vivo y dinámico, es como se llega a la madurez y para ello se requiere tanto de la fuerza interna como de la externa.

Cada uno de nosotros sabemos que vale la pena intentarlo, vale la pena hacer el esfuerzo. Para esto la edad no es barrera, el joven y el viejo pueden de igual manera llegar a la realización. El logro de nuestros objetivos y la madurez mística sólo se alcanza trabajando para conseguirlo. La vida está llena de nuevas experiencias y debemos aprender a adaptarnos pronto a ellas, sabemos que cada día trae sus inconvenientes que debemos hacerles frente filosóficamente y con la mayor armonía posible según nuestra comprensión, y de ahí proviene la Tolerancia. Y es ahí, en ese momento, cuando el Poder Interior debe brotar con una gran fuente de abundancia que nos permita saciar, manejar y saborear las dificultades que cada día nos permiten fortalecernos y crecer en nuestra evolución.